Barbarito Díez, junto a Aniceto Díaz, Ignacio Piñeiro y Miguel Matamoros, conforman un grupo que vino a revolucionar la música cubana.

Realizaron profundos cambios dentro del estilo y la armonía de lo que se venía haciendo en la isla. Ellos rompieron las fronteras que se habían dibujado entre los géneros musicales e impusieron en el gusto popular una nueva forma de hacer que se adaptaba a su generación

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Barbarito Diez

Por ello, a Barbarito Díez, uno de los pioneros del danzón cantado, se le recuerda como “La Voz del Danzón” o “El Rey del Danzón”. La mayoría de sus canciones no fueron escritas para el danzón. Pero él las adaptó y las hizo suyas con esa genialidad interpretativa y su voz tierna y melodiosa.

Y no se limitó a este género, sino que su obra abarca los boleros de la trova tradicional y la trova intermedia.

Amigos y hermanos

Nacido el 4 de diciembre de 1009 en Bolondrón, Matanzas, Barbarito Díez se trasladó a los 4 años a Manatí, en la actual provincia de las Tunas. Allí empezó su afición por el canto.

En 1930, a pedido de un amigo, audicionó para el conjunto de Graciano Gómez. El propio Graciano tenía un formato variable según el lugar donde iban a tocar. Barbarito se hizo famoso amenizando el Café Vista Alegre. Allí conoció al pianista Antonio María Romeu, quien le pidió que cantara para su orquesta.

La leyenda de Barbarito Díez está íntimamente ligada a la Orquesta de Antonio María Romeu. Este danzonero probado le interesó pronto la idea de incluir a cantantes en aquella música hasta el momento instrumental.

María Romeu había trabajó con las voces de Antonio Machín y Fernando Collazo, que luego se lanzaron al estrellato internacional; antes de encontrar en Barbarito la voz que estaba buscando. Aunque entre 1937 y 1952 las grabaciones del grupo fueron escasas, sus presentaciones en vivo fueron incesantes y trabajaron mucho en la radio.

Dos estilos diferentes en una misma voz

Aunque Barbarito nominaba en la Orquesta de Antonio María Romeu, no dejó de cantar con el trío y el cuarteto de Graciano, para beneplácito de ambos directores. Mientras que con el primero Barbarito Díez se coronó como el Rey del Danzón, con Graciano se desdoblaba en la hermosa lírica de la trova tradicional y el bolero.

Esta dualidad hizo que Barbarito comenzara a acercar poco a poco su forma de interpretar el bolero hacia el danzón, logrando una fusión perfecta. Barbarito se mantuvo grabando, presentándose en disímiles escenarios de Cuba y el mundo y dando voz a la obra de con destacados compositores mexicanos y portorriqueños como Agustín Lara o Rafael Hernández. Barbarito fue uno de los artistas cubanos de mayor venta de discos a nivel internacional: en solo un año, uno de sus discos vendió 30 000 copias, solo en Venezuela.

En 1990, a consecuencias de complicaciones con su diabetes, la Voz del Danzón se retiró de los escenarios, llevando consigo Premios de la EGREM, la Distinción por la Cultural Nacional y la Orden Félix Varela de 1er Grado. Cinco años después, la música cubana pierde a uno de sus más grandes cantantes, a la avanzada edad de 86 años.

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