A Chucho Valdés la música le corre por la sangre. Su madre fue profesora de piano y cantante, mientras que su padre, Bebo Valdés, se labró por sí mismo un lugar en la música cubana. Siendo hijo de estos padres era imposible que Chucho Valdés no fuese otra cosa que músico.

En el pequeño pueblo de Quivicán, provincia Mayabeque, nació Dionisio Jesús “Chucho” Valdés Rodríguez, el 9 de octubre de 1941. Con solo 3 años podía tocar en el piano las melodías que escuchaba en la radio, lo que hacía ¡con las dos manos y en cualquier tono! Su formación musical fue de lujo, entre sus profesores se cuentan Zenaida Romeu, Rosario Franco y Leo Brouwer.

Un prodigio musical made in Cuba

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Chuco Valdes

Cuando todavía era un niño asistió a las presentaciones de glorias como Nat King Cole, Erroll Garner y Sara Vaughan, de la mano de Bebo Valdés. Su carrera se inició tempranamente a los 15 años, cuando formó su primer trío para tocar jazz. Poco después comenzó a tocar en hoteles de La Habana, como el Deauville y el St. John’s.

Chucho Valdés se incorporó a la orquesta de su padre, Sabor de Cuba, en 1959. Esta fue una experiencia única en su formación: por ella conoció a luminarias de la música cubana como Pío Leyva y Fernando Álvarez. De su padre, dice Chucho Valdés, aprendió sobre música de toda América, y en especial de jazz.

El año 1960 dio un giro tremendo a la vida de Chucho Valdés cuando su padre, mientras estaba de gira por Europa, decide no regresar a Cuba. A pesar de la ausencia de su mentor, Chucho Valdés se hace un espacio en el escenario musical habanero.

Pero sin duda, es 1973 cuando Chucho da el paso decisivo en su carrera al fundar Irakere, con estrellas como Arturo Sandoval o Paquito D’Rivera. Tres años depués Dizzy Gillespie descubre Irakere y los lleva a Estados Unidos. Su primer disco de 1979 gana un premio Grammy. En 1997 repite como ganador de un Grammy, siendo integrante de la Orquesta Crisol, dirigida por el guitarrista estadounidense Ray Hargrove.

Para esa época inicia algunos proyectos paralelos a Irakere, y así explorar mejor sus habilidades como pianista. La actividad de Irakere llegó hasta 2005, cuando Chucho decidió iniciar una carrera en solista. Sus últimos años fueron muy exitosos, como lo demuestra los dos Grammy Latino (2002, 2004), y un Grammy (2000).

Su obra como solista no ha sido menor. Dentro de ella destaca el álbum Juntos por Siempre, grabado junto a su padre Bebo Valdés. En esta grabación se reunieron padre e hijo, despejando cualquier duda sobre su buena relación personal, y la excelente relación musical. Así lo prueba el premio Grammy y el Grammy Latino que se llevaron Chucho y Bebo Valdés. La genialidad de Chucho no solo se puede medir por sus premio, que son varios; ni por sus discos, que son muchos.

El mayor reconocimiento a su calidad han sido sus colaboraciones con músicos de la talla de Dizzy Gillespie, Chick Corea o Tito Puente. Sin duda, Chucho Valdés es una de esas figuras inigualables, producto la musicalidad que recorre las calles de La Habana.

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