Una antigua frase sabia, proveniente de la antigüedad griega, enseña que los amados por los dioses mueren jóvenes.

La frase nos habla de estas figuras, que en todo país existen, en quienes se unen algún tipo de logro extraordinario, el arrebato de un amor generalizado en una cantidad masiva de seguidores o admirados y, finalmente, la muerte inesperada y demasiado joven. Quedamos entonces invadidos y confundidos por una mezcla de desazón y nostalgia, con el convencimiento de haber sido testigos de algo excepcional e irrepetible cuya duración, por demás, fue demasiado breve.

Fredesvinda García Herrera Freddy

Freddy

Freddy, Fredesvinda García Herrera, a la que decían “La Gorda”, fue uno de estos seres. Corpulencia y calidad vocal hicieron que uno de sus críticos la definiese a partir de una voz (que hacía pensar en Billie Holliday) dentro de un físico (que recordaba a Ella Fitzgerald).

Una nota del 24 de enero de 1960, aparecida en la sección titulada “Tele-Radiolandia” en la revista Bohemia, nos cuenta que Freddy era una empleada doméstica (cocinera) para quien la música era un pasatiempo hasta que una noche se le acercó Aida Diestro, figura mayor en la música cubana de la época, organizadora y líder del mítico cuarteto Las D’Aida.

En palabras del articulista: “… creía que poseía relevantes condiciones para convertirse en extraordinaria cancionista. Y lo que era más: que estaba dispuesta a montarle un buen repertorio y a proponerla a la empresa del casino Capri para su show.” Como cierre de este cuento de hadas escribe el articulista: “Y dijo adiós para siempre a la cocina, con su dulce y detonante voz de contralto”.

El impacto de Freddy en el escenario nacional fue profundo, ya que su modo de interpretar boleros quedó como ejemplo, pero también se trató de una suerte de cruce fugaz, ya que -poco tiempo después de sus primeras apariciones- salió de gira, terminó radicándose en Puerto Rico y en esa isla falleció en 1961. Guillermo Cabrera Infante, gran narrador cubano, dejó imágenes –tan inolvidables como problematizadoras- de Freddy en el personaje de la Estrella que aparece en la novela “Tres tristes tigres”:

“… porque ponía algo más que el falso, azucarado, sentimental, fingido sentimiento en la canción, nada de bobería amelcochada, del sentimiento comercialmente fabricado del feeling, sino verdadero sentimiento y su voz salía suave, pastosa, líquida, con aceite ahora, una voz coloidal que fluía de todo su cuerpo como el plasma de su voz y de pronto me estremecí.”

Y es cierto que ella suena diferente a cualquier otra cosa que hayamos escuchado antes, con una ausencia total de “elaboración”, sino más bien cual si nos sacudiera el impacto de un fuerte chorro de voz, profunda, desde caverna, grave, cuando dice:

Soy una mujer que canto/

para mitigar las penas…”

Grandiosa Freddy…

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