Hablar de la música cubana en el siglo XX sin referirse a la Nueva Trova es casi un sacrilegio. Hablar de la Nueva Trova sin mencionar a Pablo Milanés y sus canciones, es un pecado capital.

Pablo Milanés, junto con Silvio Rodríguez y Noel Nicola, se constituyó en uno de los fundadores de dicho movimiento que ha conmovido a millones de cubanos. Fue la ciudad de Bayamo, cuna de la cultura cubana y del himno nacional, quien vio nacer en 1943 a Pablito, como cariñosamente le llaman sus admiradores. Sin embargo, se formó como músico en el Conservatorio Municipal de La Habana. Su magnífica voz, melosa y suave, lo distingue entre los integrantes de la Nueva Trova, para convertirse entre otras cosas en su sello personal.

Pablo Milanés: entre la trova y el feeling

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Pablo Milanés

Como casi todos los músicos de su generación Pablito bebió de la música tradicional cubana, la que cuenta con fuertes raíces en el oriente de Cuba. Sin embargo, ya en La Habana recibe la influencia de otros estilos, como el bolero y el feeling.

En sus composiciones se evidencia la fuerte marca que dejaron estos en su quehacer musical. El feeling es un estilo musical que se originó en la “Perla de las Antillas” más o menos en la misma época que nació Pablo Milanés. Este género está fuertemente marcado por la canción romántica estadounidense y el jazz.

El feeling promovía una nueva interacción entre público y canción, pues ésta debía interpretarse con sentimiento –feeling– en inglés. Sus primeros pasos los dio con el cuarteto Los Bucaneros y también hizo algunas incursiones como solista. Estas experiencias le desarrollaron las habilidades necesarias para enfrentarse a una carrera en solitario.

Un año crucial en su carrera es 1965, cuando publica el álbum “Mis 22 Años”. Este disco marca pautas en la Nueva Trova y es notable por su interpretación vocal, de calidad excepcional. Dos años después se incorpora al Servicio Militar Obligatorio. Allí comienza a recibir la influencia del momento histórico: la Guerra de Viet Nam y los movimientos guerrilleros en Latinoamérica le hacen cobrar conciencia social. Todo esto se refleja en sus canciones, que comienzan a comprometerse con la sociedad.

Por esto forma parte del movimiento de la Canción Protesta. En 1968 ofrece un concierto en la Casa de las Américas junto a su entrañable amigo Silvio Rodríguez. En ese espacio conoce y comparte con compositores como Violeta Parra, Mercedes Sosa, Chico Buarque y Víctor Jara. Más tarde, Pablo Milanés formó parte del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, con Leo Brouwer y otros músicos cubanos.

Una vida dedicada a la creacción

Entre sus canciones destacan Yolanda”, “Los años mozos”,No me pidas” o “El breve espacio en que no estás”. Todas ellas han dejado una huella indeleble en la historia de la música popular cubana.

Muestra de la importancia de Pablo son los discos homenaje “Querido Pablo” y “Pablo Querido”, que cuentan con músicos de la talla de Víctor Manuel, Ana Belén y Ricardo Arjona. Además, Pablo Milanés ha legado su influencia en los más jóvenes músicos cubanos. Entre estos se incluyen dos de sus hijas: Lynn y Haydée, que desarrollan una carrera musical llena de éxitos.

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