De este modo ocurren las casualidades: justo antes de escribir este artículo, he tropezado con una vecina cuyo trabajo es producir espectáculos musicales.

La conversación, que empezó por las dificultades que para sostener un empleo como éste, enfrenta una mujer sola y con personas de edad avanzada a su cargo, rápidamente derivó hacia el poco soporte que ella asegura sentir en su gestión. “Si apoyáramos más el filin sería muy bueno, porque el filin es algo que nos identifica.”

César Portillo de la Luz

César Portillo de la Luz

¿Cómo podía ella imaginar que, ese mismo día, yo escribía un artículo sobre el mismo movimiento musical para el cual reclamaba atención? Menos aún que, de camino a la casa de mi madre, pensando en el texto y tal vez buscando huellas que inspiraran, recorrí no pocas de las calles, casas y esquinas de Centro Habana donde nació lo hoy conocemos como el movimiento del filin.

Los sitios donde se reunían Angelito Díaz, José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, el Niño Rivera y otros músicos para compartir sus composiciones.

A lo largo del tiempo tanto los autores del filin como sus contemporáneos y, más tarde, la crítica han coincidido en que esta música cumplió la enorme tarea de servir de puente entre la vieja trova o trova tradicional cubana y lo que, años después, iba a ser la llamada Nueva Trova.

Por si esto fuera poco, al privilegiar la guitarra por encima del piano, al canta-autor por encima del conjunto y al insistir en depurar la letra de facilismos seudo-románticos, trabajaron e impusieron sus producciones en un ambiente donde –asociado al consumo en victrola- predominaba el bolero.

Junto con lo anterior, y desde un punto de vista estrictamente musical, el filin recogió la influencia del blues estadounidense sin que las piezas generadas perdiesen su condición cubana; semejante capacidad de reciclaje, como diríamos hoy, es uno de sus más admirables puntos fuertes.

Siguiendo esto recién dicho, y esta vez analizando el movimiento como fenómeno cultural y sociológico, el filin nació después de la II Guerra Mundial, en una especie de período-bisagra en el cual tiene lugar el comienzo (liderados por el cine y la música) de esa gran ola de expansión de la cultura norteamericana por el mundo que continúa hasta el presente.

El filin, antes que cualquier otra cosa, fue un modo de componer y tocar la guitarra, de comunicar y conectar con las audiencias en el cual –como varios de sus hacedores han repetido- era más importante tener algo que decir que el hacer florituras con la voz; era emoción, expresión de lo nuevo y, en su sentido global, poco menos que filosófico, toda una forma de entender la vida y de vivirla

De allí nacieron canciones inolvidables como Novia mía o Si me comprendieras, de José Antonio Méndez; Tú, mi delirio, de César Portillo de la Luz; En nosotros, de Tania Castellanos o Hasta mañana, vida mía, de Rosendo Ruiz Quevedo.

Por todo esto, tal y como pide mi vecina, debemos apoyar, recordar, escuchar y defender ese filin que nos identifica.

Phone: +53 7 878 15 86
Calz de Ayestarán between Santa Ana and Ave. Independencia. (Paradero #124).
Havana, Cuba