Colón llegó a las costas de la isla en 1492 y pensó encontrarse con la India, de ahí que los llamó indios.

Sin embargo, a medida que fue adentrándose a tierra vio hombres y mujeres semidesnudos, pintados, de piel cobriza y con un lenguaje inentendible. Su descubrimiento fue mayor cuando en alguna que otra noche se reunían en círculos para bailar y cantar, acompañados de instrumentos rústicos que producían sonidos.

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El Areito

Desde ese entonces y sin saberlo somos una isla musical. Nuestros ancestros hacían este ritual para cada acontecimiento, celebración y/o ritual religioso. Lo llamaron Areito y es la expresión cultural más antigua que tenemos.

Podemos decir que se combinaban diferentes expresiones artísticas. No solo estaba presente la música, sino también el baile y la poesía. Tenían un guía o maestro que dirigía la ceremonia, situado en el centro del círculo.

“Y por más entender su alegría y regocijo, tomábanse de las manos algunas veces, y también otras trabábanse brazo con brazo, ensartados o asidos muchos en rengle (o en corro así mismo), y uno de ellos tomaba el oficio de guiar (o fuera hombre o mujer), y aquel daba ciertos pasos adelante y atrás, a manera de contrapás muy ordenado; y lo mismo (y en el instante) lo hace o dice, muy medido en aquel tono alto o bajo que la guía los entona, y como lo hace o dice, muy medido y concertada la cuenta de los pasos con los versos o palabras que cantan (…) y así sin cesar les dura esto tres o cuatro horas y hasta que el maestro o guiador que les danza acaba su historia, y a veces les dura desde un día hasta el otro”. Gonzalo Fernández de Oviedo

Los indígenas buscaban todo tipo de cosas que pudieran convertir en instrumentos musicales. La necesidad de acompañar la oratoria y la danza con sonidos les llevó a crear los suyos propios. Nacieron entonces el Guamo -también llamado Fotuto o Botuto- , la Trompeta hecha de caracol marino, la Flauta de huesos de aves, y el Tambor mayohuacán de un tronco ahuecado cuyo centro tiene una abertura en forma de H que se percutía con par de palos, algo así como las Baquetas que hoy conocemos.

Hoy se conserva “El areito de Anacaona”, dedicado a esta indígena:

“Aya bomba ya Bombay

La massana Anacaona

Van van tavana dogal

Aya bomba ya Bombay

La massana Anacaona”

También existen sitios rescatados por la arqueología que recrean un ambiente similar a los caneyes aborígenes. Algunos de ellos ofrecen la representación artística del Areito. Tal es el caso del “Chorro de Maita” en Banes, Holguín, lugar donde ocurrió el primer encuentro entre las dos civilizaciones –la española y la aborigen-  y que hoy día han conseguido traspasar al tiempo en muchas de sus variantes, una de ellas, la música.

La mezcla de ritmos cubanos con otros de latitudes diferentes y el empleo de instrumentos típicos de esta zona del continente, es recurrente en las diferentes interpretaciones de los artistas cubanos.

Quizás por moda o quizás porque ya son parte de un plan de estudio de las diferentes escuelas de música en Cuba, no son más que un legado de los aborígenes, nuestros antepasados y con ellos de su máxima expresión musical: el areito.

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