Cuando se habla de música campesina en Cuba, existe una palabra de uso obligatorio: Repentismo.

Es este un tipo de poesía de carácter popular, transmitida oralmente y de gran alcance en nuestros campos. Su temática satírico-burlesca termina convirtiéndose en un verdadero duelo o controversia entre varios artistas. Sin embargo, es válido señalar que el tono jocoso hace posible que el contrapunteo no salga de la sana esfera del arte. La improvisación es una marca fundamental dentro del repentismo.

Respetando el marco de la métrica de las estrofas, todo cae en sus predios. Generalmente se usan las quintillas las redondillas y sobre todo las décimas. Esta condición dificulta aún más el trabajo del repentista, pues el segundo trovador debe continuar con la estrofa propuesta por el primero. Definitivamente esto eleva a calidad de poeta a todos aquellos que se dedican profesionalmente al repentismo.

Dos gallos de la música cubana

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Justo Vega y Adolfo Alfonso

Cuba, como paradigma latinoamericano de la música campesina, ha contado con grandes trovadores que ponen bien en alto el prestigio del repentismo y la controversia.

Justo Vega y Adolfo Alfonso son ejemplo de ello. Desde pequeño, Adolfo Alfonso demostró tener la estirpe de todo un músico. A los catorce años ya interpretaba tangos. Sin embargo, después de admirar una controversia entre Angelito Valiente y Jesús Orta Ruiz (el Indio Naborí), decidió que iba a dedicar su vida a cultivar la décima y el son montuno.

El azar llevó a Adolfo Alfonso a la radio y una casualidad aún mayor al programa Las Mil Diez, dirigido por Justo Vega. Para entonces, ya este último tenía una carrera consolidada, de gran prestigio. Por este motivo no es de extrañar que Adolfo Alfonso lo considerara su maestro no solo como poeta, sino también como gran conocedor de la vida. Fue un encuentro que cambió el rumbo de la vida artística de Alfonso y la historia del repentismo cubano.

A partir de entonces, la radio y la televisión se hicieron eco del talento de ambos poetas. El programa televisivo “Palmas y Cañas” los vió, durante veinticinco años, formar parte de lo más valioso de la música campesina cubana. Tan fuerte era la compenetración entre ambos trovadores que, después de muerto Justo Vega, Alfonso decidió no buscar otra pareja.

En sus declaraciones ha expuesto que, a pesar de su trabajo con repentistas de gran talento como Emiliano Sardiñas, nunca ha vuelto a experimentar la compenetración y empatía que sintiera con su compañero de varias décadas.

Justo y Adolfo en la memoria de todos

A varios años de sus últimas apariciones en los medios, ambos trovadores siguen estando en la memoria de todos aquellos que disfrutaron su arte.

El inigualable talento poético, el modo inconfundible de entonar e interpretar la más auténtica música de nuestros campos y el acento jocoso, cercano al choteo cubano, les valió la posibilidad de romper con la barrera rural que encasillaba al repentismo y llevar su música a un público más amplio.

En el escenario que, por demás, no siempre fue cubano, espectadores de varias partes del mundo, degustadores del más puro sabor de la isla tropical, disfrutaron de estas dos joyas de la música campesina.

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