El danzón y Enrique Peña - Havana Music School

La ciudad marítima de Puerto Padre, conocida también como la Villa Azul, ha sido desde su fundación una verdadera cuna y un refugio de las artes en la zona oriental de nuestro país.

La poesía y la música se dan la mano entre sus avenidas y portales, por lo que no es de extrañar que esta ciudad sea la tierra natal de grandes figuras.

Tal vez la primera de ellas, no solo por valía sino también por antigüedad, sea el gran Enrique Peña Valdés, llamados por muchos el maestro del danzón.

Nacimiento, música y lucha

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Enrique Peña

Enrique Peña Valdés nace en Rubí número 16, en Puerto Padre, el 17 de julio de 1880. Hijo de español y esclava liberta, sintió de siempre un profundo amor a su patria. En sus primeros años estudió clarinete con los maestros Marcos González y José Santos Betancourt.

Al estallar la guerra del 95, se incorporó desde muy joven al Ejército Libertador. Allí no solo alcanzó por su valentía los grados de capitán, sino que demostró su valía como músico y compositor siendo corneta del Titán de Bronce, Antonio Maceo.

Luego de terminada la guerra, se radicó en la Habana como compositor y director de orquesta.

Una carrera llena de gloria

En 1902, Enrique Peña Valdés funda la orquesta típica que llevaría su nombre, que a la postre fue aclamada por los asiduos de los salones de baile y grabado por múltiples disqueras. Solo con los sellos Edison y Columbia, Peña grabó más de sesenta piezas, casi todos danzones de su propia inspiración.

Con Enrique Peña Valdés como solista en el cornetín, su orquesta tuvo músicos de la talla de Cheo Belén Puig padre o José Urfe, quien luego popularizaran el género en todo el país. Urfe fue el autor del célebre danzón El bombín de Barreto, pieza que marcó un hito en la historia musical cubana y que fue interpretada por primera vez en la oquesta típica de Enrique Peña.

Peña y sus músicos viajaron en muchas ocasiones a los Estados Unidos, tanto para presentaciones en conciertos como para grabar para sus sellos discográficos. 1906, 1909, 1910, 1915, 1917 y 1920 fueron testigos de la maestría de Enrique Peña Valdés y su orquesta en la arena internacional. A pesar del gran número de agrupaciones que hacían danzón en la isla, su orquesta siempre fue la preferida de la crítica.

Durante 20 años fecundos Enrique Peña Valdés y su orquesta hicieron historia dentro de la música cubana. Peña fue nombrado miembro de la Asociación Nacional de Profesores de Música, y dejó plasmada su obra en múltiples publicaciones de partituras en revistas musicales de su época.

Compositor fecundo, sus obras fueron interpretadas por otros artistas como Vicente Lanz, Antonio María Romeu, Félix Gonzalez, Pablo Valenzuela o Domingo Corbacho. Si la muerte no lo hubiese sorprendido a sus escasos 42 años, este ilustre hijo de Puerto Padre se hubiera convertido, en mayor medida, en el más prolíficos y reconocidos músico de su tiempo.

Enrique Peña Valdés falleció el 13 de abril de 1922, y con él se desintegró su orquesta. Pero los músicos que la integraban trazaron sus propios caminos, siempre agradeciendo los conocimientos y honrando la memoria del maestro del danzón.

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